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domingo, 16 de junio de 2013

John Constable - Paisajismo inglés


Línea del tiempo
11 de junio de 1776: Nace John Constable en East Bergholt, Suffolk

1795: realizó viajes a Londres, donde trabajó como dibujante topográfico

1799: estudió en la Academia Real

1802: Realizó su exposición en el Salón de la Academia.

1816: contrajo matrimonio con María, el mismo año de la muerte de su padre, un propietario de molinos, lo cual le proporcionó el desahogo económico necesario para formar una familia.

1819: viajó a Venecia y Roma, donde conoce los paisajes clasicistas de Claudio de Lorena y Nicolás Poussin.

1821: Pintó “La Carreta de Heno”,  obra con la que triunfó en el Salón de París causando admiración entre los pintores románticos.

1821 – 1822: realizó en Hampstead una serie de estudios de nubes, anotando la hora y fecha exacta de posición, así como también el tiempo que hacía.

1825: Sus obras se tornan de un naturalismo más sombrío y melancólico.

1828: Muere su esposa, María, lo cual genera que sus cuadros se vuelvan cada vez más expresionistas.

31 de marzo de 1837: Fallece John Constable en Londres. 

Paisajismo inglés 



El paisajismo inglés hizo su aparición entre los años 1770 y 1840 como un nuevo concepto de la historia del arte: el concepto de lo “pintoresco”. Predomina el uso de la acuarela, convirtiéndose en una característica nacional inglesa. Durante este periodo aparecieron una serie de artistas que, alcanzaron un altísimo nivel. Estos artistas buscaron sitios y lugares donde pudieran reflejar emociones, recuerdos y sensaciones, resaltando el misterio que nos brinda la naturaleza. Ese fue el espíritu de la noción de “pintoresco” que, cuando más tarde se convirtiera en un sinónimo del término “postal”, sería desvalorizada. 

Algunas obras de John Constable



Retrato de María Bicknell: 1816-óleo sobre lienzo-30x25cm



Molino de Flatford: 1817-óleo sobre lienzo-102x127cm



La carreta de Heno: 1821-óleo sobre lienzo-130x185cm



«La forma de un objeto es indiferente;
la luz, la sombra y la perspectiva siempre
lo harán hermoso»
(J.C)

viernes, 31 de mayo de 2013

Entre lo moderno y lo antiguo



            Desde la antigüedad, los filósofos y demás historiadores argumentaron que el arte es el reflejo de nuestra sociedad, que el artista plasma la realidad a través de la pintura o la escultura. Sin embargo, con el avance tecnológico de la fotografía, el artista se vio en la necesidad de encaminarse hacia otro concepto, otra salida, dado que la fotografía reflejaba mejor la realidad, mucho más que un cuadro hecho al oleo por un artista. 



            Ese intento de encaminarse hacia el “nuevo arte” comenzó desde el siglo XIX. Sin embargo, fueron los artistas del siglo XX quienes se atrevieron a más. Así encontramos a Picasso, que generó un nuevo estilo artístico alterando las figuras. O los constructivistas rusos, que solo representaban cuadros blancos o rojos, unos simples cuadros sin representar personas, paisajes u objeto reconocible alguno. Otros que alteraron las figuras fueron los surrealistas que, más que basarse en la realidad, se encaminaron en el misterioso mundo de los sueños. Como en los sueños “todo es posible”, se enfocaron en cómo los objetos o las personas que soñamos se transforman, aumentan de tamaño o se los ven como hormiguitas. 



            Los críticos de arte de aquella época se desgarraron las vestiduras, al ver hacia dónde se encaminaba el arte. A ningún artista, que se hiciese respetar, se le ocurriría deformar el cuerpo humano, o representar objetos desde otras miradas o, lo peor aún, reflejar a las clases sociales menos pudientes por medio de las esculturas y las pinturas. El arte, para los críticos, teórico y demás estudiosos, debía ser bello, reflejar lo perfecto de la naturaleza y el ser humano. Debían respetar las proporciones, la perspectiva y otras técnicas del dibujo y la pintura. ¿Dónde se podía apreciar la perspectiva en un cuadro cubista? ¿Cómo saber si un cuadro abstracto no fue colocado al revés, si en el mismo no está especificado cómo debería colocarse por la pared a la hora de ser colgado? 



            Muchos dudaban de si estos artistas “modernos” sabían dibujar, al menos, una figura humana. Los primeros cuadros de Picasso, por ejemplo, son muy academicistas. Respetan las proporciones humanas, aunque ya se pueden apreciar algunos trazos rápidos propios del impresionismo. Poco a poco, fue alterando los colores y las figuras y, aunque fue un camino largo, decidió arriesgarse y crear el cubismo, basándose en las máscaras de las tribus africanas. Y es que los artistas de comienzos del siglo XX sintieron una gran atracción por otras culturas, que no tenían en cuenta la proporción del cuerpo humano o manejaban el color de otra forma. 



            Pero la historia no termina solo con el cubismo, el surrealismo, el constructivismo y demás vanguardias artísticas del siglo XX. Durante esa época, apareció Marcel Duchamp. Luego de analizar el camino que iba tomando el arte, se le ocurrió la fantástica idea de colocar un inodoro, al revés, dentro de un museo, y declarar que eso es el arte. Luego de tantas innovaciones y demás tendencias que apuntaban a contrariar al arte academicista, Duchamp eligió el momento perfecto para crear una serie de objetos, cambiarlos de posición y colocarlos todos en un museo. Los debates surgieron a la velocidad del viento. No podían establecer si lo que proponía Duchamp era para burlarse del ámbito artístico o una nueva forma de representar la realidad. ¿Para qué pintar la rueda de una bicicleta, si puedo traer una? ¿Para qué representar un urinario por medio de la pintura, si aquí existe una? Esta y otras preguntas retóricas preocuparon a los críticos y teóricos de arte por varias décadas. 



            Aparte de Duchamp, otros artistas desearon que el arte no estuviese limitado solo a los cuadros y las esculturas. El arte debería también apreciarse en los objetos cotidianos, en el diseño de las paredes, los muebles y en la arquitectura en general. De eso se trata el modernismo, de una renovación artística que deseaba democratizar la belleza y socializar el arte. Atrás quedaron las épocas en que solo los reyes, nobles y burgueses podían ser retratados. Esta tendencia comenzó en el siglo XIX, cuando los artistas empezaron a retratar a prostitutas, representándolas como tal y, así, alejarlas del antiguo modelo de la Venus de antaño. Y continuaron en el siglo XX, donde se demostró que los afiches, los libros, las revistas y los carteles también podían ser verdaderas obras de arte. El Art Nouveau fue una de esas tendencias artísticas, inspirado en la naturaleza al usar el contorno curvilíneo de las hojas y las flores. En el ámbito de la escultura, se experimentó con otros materiales como el bronce, el marfil e, incluso el vidrio para pequeñas esculturas. En el ámbito del diseño, eso se vio reflejado a mediados del siglo XX, cuando Andy Warhol diseñó su famosa lata de salsa colocándolo en un museo, como una gran obra de arte. Para un artista de principios del siglo XIX, o incluso anterior a ese periodo, aquello le parecería un absurdo, dado que no se puede considerar que un objeto, una figura deformada o un simple diseño puedan ser considerados arte. Eso si se respetase las normas del arte academicista y tradicionalista.



            Paralelo a lo que hacían los artistas del siglo XX, se puede apreciar también el surgimiento de la fotografía moderna y la cinematografía. Fue durante esos años que se consideró al cine como la más completa de las artes, que reúne a todas las artes conocidas y, así, conforma el séptimo arte, junto con la pintura, la arquitectura, la escultura, la danza, la música y el teatro. La fotografía, por muchos años, fue considerada el arte de reflejar la realidad a la perfección, algo que los artistas de siglos anteriores intentaron por todos los medios por medio de la pintura y la escultura. Al menos, con la fotografía, no había problemas. Era un aparato del cual se podía confiar. Sin embargo, con los avances tecnológicos, tanto la fotografía como el cine tomaron nuevos rumbos. El cine, de ser muda, pasó a ser sonora, lo cual generó mucha polémica tanto entre los espectadores como entre los directores y actores. Y con el paso de los años, se optó por el cine a color y el uso de más efectos especiales para representar ciertas ideas. Con los avances tecnológicos en el ámbito fotográfico, también se vio que la misma podía alterar la realidad. Así surgieron las manipulaciones fotográficas, lo cual generó nuevas polémicas en el ámbito artístico. Y como se supone que la fotografía debería reflejar la realidad tal como es, entonces los espectadores no pueden determinar si, lo que están viendo, es real o es un retoque fotográfico. Y también, que con más avances tecnológicos, la fotografía fue posible incluso para los que no son fotógrafos o artistas. Cualquiera puede sacar una foto. Así como también cualquiera puede hacer filmaciones y crear videos. 



            Ante estas observaciones, quedan más dudas con el tema. ¿Vale la pena volver a lo antiguo? ¿Volver a pintar tal como lo hacían los antiguos artistas? Por siglos se le consideró al artista como un ser especial, que estaba muy cerca de ser Dios por crear preciosas obras de arte que reflejan la realidad o sus profundos deseos. Durante el siglo XX, poco a poco, aquel mito fue rompiéndose y, con los avances tecnológicos y el planteamiento de estos artistas modernos, surgió otro concepto de arte. Todo es arte en la medida que tenga concepto y pueda ser explicado por el mismo realizador. Además, lo que plantearon los artistas modernos, lo aceptemos o no, se está convirtiendo en arte academicista. En las academias y escuelas de arte se está enseñando a pintar con el estilo cubista, incluso con el pop art. Lo que antes era moderno, hoy es antiguo. Las vanguardias, tal como la conocíamos, no son tales. Y el artista actual desea experimentar con la tecnología para crear sus obras de arte. Lo que pasó a finales del siglo XIX y principios del siglo XX solo fue la punta del iceberg de lo que se vendría después. La tecnología influye de muchas maneras, incluso en el arte y en el modo de pensar de la sociedad de determinada época. Así como los críticos de antes cuestionaron el cubismo o la instalación, los críticos de ahora cuestionan el uso y abuso de la tecnología para sus obras de arte. 


jueves, 11 de abril de 2013

Roberto Matta, el pintor surrealista chileno.

Roberto Sebastián Antonio Matta Echaurren, más conocido como Matta (*Santiago de Chile, 11 de noviembre de 1911 - † Civitavecchia, Italia, 23 de noviembre de 2002) fue un arquitecto, pintor, filósofo y poeta chileno. Considerado el último de los representantes del surrealismo. Matta tenía ascendencia vasca. 


Se destacó por su creatividad en sus estudios universitarios, creando lazos con sus profesores, como Sergio Larraín García. En paralelo asistía a clases vespertinas de dibujo a mano alzada en la Escuela de Bellas Artes. Ahí fue alumno de Hernán Gazmuri, quien venía llegando de Europa.


El trabajo de Matta agregó nuevas dimensiones a la pintura contemporánea, pese a su ruptura (por causas desconocidas) con el movimiento surrealista en 1947. Pese a que fue readmitido en 1959, su fama ganada es exclusivamente personal. Experimentó distintas formas de expresión artísticas, incluyendo producciones de videos como Système 88, la fotografía y otros medios de expresión.
En 1990 recibió el Premio Nacional de Arte, en 1992 se le otorgó el Premio Príncipe de Asturias de las Artes y en 1995 obtuvo el Praemium Imperiale en la categoría de Pintura. Vivió regularmente desde la década de 1960 en la ciudad italiana de Civitavecchia, realizando viajes esporádicos a su país. 

OBRAS MÁS RESALTANTES

Morfologías psicológicas (1938 - 1939)


El vértigo de Eros (1944)


La vida Allende La muerte (1973)

El primer gol del pueblo chileno (1971)

sábado, 23 de febrero de 2013

Naturaleza muerta



 


La Naturaleza muerta (o bodegón, como lo dicen los españoles) es un género pictórico que retrata las agrupaciones de objetos inanimados. Se le concibe como una composición integrada por elementos vistos de cerca, generalmente en un primer plano, sobre un fondo poco precisos. El bodegón da al artista más libertad compositiva que otros géneros pictóricos como el paisaje o los retratos. Es el mejor género para aprender a distribuir las formas y los elementos sobre cierta superficie. Es el primer modelo que se toma como referente cuando se inicia un programa de aprendizaje artístico, dado que en la naturaleza muerta se aprende a utilizar los elementos de lenguaje pictórico: la forma, el color, el espacio y la textura.
A continuación una “breve” cronología de la naturaleza muerta a lo largo de los tiempos ^^

Antecedentes

Se creía que los objetos relacionados con la comida y la vida doméstica se harían reales en el más allá, dispuestos para que los muertos los usaran. Por lo tanto, desde el antiguo Egipto, ya se adornaban las tumbas con bodegones. La apreciación popular del realismo en el bodegón se relaciona con la leyenda griega antigua de Zeuxis y Parrasio, de quienes se dice que compitieron por crear los objetos más parecidos a la realidad, siendo éstas las descripciones más antiguas de la historia de pintura de trampantojo. Como Plinio el Viejo relataba en los tiempos romanos, los artistas griegos de siglos antes ya eran muy diestros en el retrato y el bodegón. Distinguió a Peiraikos, «cuya maestría muy pocos sobrepasan... Pintó tenderetes de zapateros y barberías, asnos, plantas y cosas semejantes, y por esa razón le llamaron el "pintor de los objetos vulgares"; aún así estas obras eran en conjunto deliciosas, y se vendían a precios más altos que las más grandes [pinturas] de muchos otros artistas»

Edad Media

A partir de 1300, comenzando por Giotto y sus seguidores, la pintura de bodegón revivió en las pinturas de tema religioso en forma de objetos de la vida cotidiana que acompañaban a las figuras protagonistas. El desarrollo de la técnica de pintura al óleo por van Eyck y otros artistas del norte de Europa permitió pintar objetos cotidianos en un estilo hiperrealista, debido a su secado más lento, y la posibilidad de mezclar y trabajar por capas los colores al óleo. En esta época, las representaciones sencillas de bodegones sin figuras empezaban a pintarse en la parte externa de las puertas de pinturas de devoción privada, con función principalmente decorativa. Otro paso hacia el bodegón autónomo fue pintar flores en jarros u otros objetos con un contenido heráldico o simbólico en la parte posterior de retratos seculares alrededor del año 1475.

Renacimiento

Entre los primeros en liberarse del significado religioso del bodegón estuvieron Leonardo da Vinci, quien creó estudios a la acuarela de fruta (alrededor de 1495) como parte de su incansable examen de la naturaleza, y Alberto Durero, quien también hizo dibujos detallados de la flora y la fauna. A lo largo de la segunda mitad del siglo XVI había evolucionado el bodegón autónomo. Gradualmente, el contenido religioso disminuyó en tamaño y lugar en estas pinturas, aunque las lecciones morales siguieron estando implícitas. Un ejemplo es La carnicería de Joachim Beuckelaer (1568), con su representación realista de carnes crudas dominando el primer plano, mientras que la escena del fondo transmite los peligros de la ebriedad y la lascivia.

Siglo XVII y XVIII

Aunque la pintura de bodegón italiana estaba ganando en popularidad, permaneció históricamente menos respetada que la pintura de «gran estilo» de temas históricos, religiosos y míticos. Destacados académicos de principios de los años 1600, como Andrea Sacchi, sentía que la escena de género y el bodegón no portaban la gravitas que hace que la pintura sea considerada grande. Por otro lado, exitosos artistas de bodegón italianos encontraron amplio mecenazgo en su tiempo. Este género fue muy cultivado en la pintura holandesa del siglo XVII, como puede verse, por ejemplo, en la Naturaleza muerta de Willem Heda (1637). El bodegón se independizó en el nuevo clima artístico de los Países Bajos, con el nombre de stilleven («naturaleza tranquila»), mientras que en las lenguas romances, y en ruso, se prefieren términos relacionados con la «naturaleza muerta». Mientras los artistas encontraban oportunidad limitada para producir la iconografía religiosa que durante mucho tiempo había sido su principal industria, ya que las imágenes de temas religiosos estaban prohibidas en la iglesia protestante reformada holandesa, la tradición septentrional de realismo detallado y símbolos ocultos atraían a las crecientes clases medias holandesas, que estaban reemplazando a la iglesia y el estado como los principales mecenas del arte en los Países Bajos. La importancia que adquirió el bodegón en la España del siglo XVII sólo ha empezado a ser reconocida en fechas recientes. La escasa representación de bodegones pintados por artistas españoles en las colecciones reales (donde no eran escasos los llegados de fuera) y, en consecuencia, su reducida representación en los primeros momentos del Museo Nacional del Prado, pudo ser un factor determinante del olvido que pesó sobre este género hasta bien entrado el siglo XX. La revalorización comenzó en 1935 con la exposición Floreros y bodegones en la pintura española organizada por la Sociedad de Amigos del Arte, donde destacó la presentación del Bodegón de caza, hortalizas y frutas de Juan Sánchez Cotán, y prosiguió en 1941 al llegar al Prado por donación el Bodegón de cacharros de Zurbarán.  En el siglo XVIII, las connotaciones religiosas y alegóricas de bodegón se abandonaron y las pinturas de mesa de cocina evolucionaron hasta ser calculadas representaciones de variado color y forma, mostrando comidas cotidianas. La aristocracia francesa contrató a artistas para ejecutar pinturas de pródigos y extravagantes bodegones que honraban sus mesas, también sin el mensaje moralista de la vanitas de sus predecesores holandeses. El amor rococó por el artificio llevó a un auge en la apreciación francesa por el trampantojo (llamado en francés trompe l'oeil («engañar el ojo»). Los bodegones de Chardin emplean una variedad de técnicas desde el realismo al estilo holandés a armonías más suaves. En los Estados Unidos, en la época revolucionaria, los artistas estadounidenses formados en el extranjero aplicaron estilos europeos al retrato y los bodegones. Charles Willson Peale fundó una familia de prominentes pintores estadounidenses y también una sociedad para la formación de artistas, así como un museo de curiosidades naturales. Su hijo Raphaelle Peale fue integrante de un grupo de bodegonistas que también incluyó a John F. Francis, Charles Bird King y John Johnston.

Siglo XIX

Con el surgimiento de las academias europeas, muy destacadamente de la Academia francesa, que tuvo un papel central en el llamado arte académico, el bodegón comenzó a decaer. Las academias establecieron una jerarquía de los géneros (o «Jerarquía del tema tratado»), que consideraba que el mérito artístico de una pintura radicaba ante todo en su tema. Según este sistema, la forma más alta de pintura era la denominada Pintura de historia, aquella que representaba temas históricos, alegóricos, mitológicos o religiosos, quedando el bodegón en el rango más inferior del reconocimiento artístico. Con el declive final de la jerarquía académica en Europa y el auge de los pintores impresionistas y posimpresionistas, la técnica y armonía de color triunfaron sobre el tema, y el bodegón volvió a ser tratado y versionado según las nuevas corrientes pictóricas. En sus primeros bodegones, Claude Monet muestra la influencia de Fantin-Latour, pero fue uno de los primeros que rompió con la tradición del fondo oscuro, que Pierre-Auguste Renoir también descarta en su Bodegón con ramo y abanico (1871), con su brillante fondo naranja. En el bodegón impresionista, el contenido alegórico y mitológico está completamente ausente, importando más la armonía cromática y el tratamiento luminoso. Es curioso comprobar cómo impresionistas y posimpresionistas, aunque inspirándose en el color de la naturaleza, reinterpretaron su visión del mismo, de modo que a veces sus cuadros resultaban marcadamente antinaturales. Como afirmó Gauguin, «Los colores tienen sus propios significados». También se intentaron variaciones en la perspectiva, como puede verse en Fruta mostrada en un perchero de Gustave Caillebotte, «una pintura de la que se burlaron en la época como una muestra de fruta a vista de pájaro»

Siglo XX y ahorita nomás

Las primeras cuatro décadas del siglo XX formaron un periodo excepcional de fermento y revolución artística. Los movimientos de vanguardia evolucionaron con rapidez y se superpusieron en su marcha hacia la abstracción total, lo no figurativo. El bodegón, así como otros géneros, continuaron evolucionando hasta mediados de siglo, cuando la abstracción total, ejemplificada por la pintura de goteo de Jackson Pollock, eliminaron todo elemento reconocible. Paul Cézanne encontró en el bodegón el vehículo perfecto para su revolucionaria búsqueda de la organización espacial geométrica. Para Cézanne, el bodegón fue un medio de alejar la pintura de su función mimética o ilustrativa, mostrando independientemente los elementos de color, forma y línea, un gran paso hacia el arte abstracto. Así, los experimentos de Cézanne infuirán grandemente en el desarrollo del bodegón cubista a principios del siglo XX. Cuando los artistas estadounidenses del siglo XX fueron conscientes del modernismo europeo, comenzaron a interpretar los temas de bodegón con una combinación de realismo americano y abstracción cubista. Típicos bodegones estadounidenses de la época son las pinturas de Georgia O'Keeffe, Stuart Davis y Marsden Hartley, y las fotografías de Edward Weston. Las pinturas de flores vistas en primer plano de O’Keeffe revelan tanto la estructura física y el subtexto emocional de pétalos y hojas de una manera sin precedentes. El auge del fotorrealismo en los años setenta rafirmó la representación ilusionística, al tiempo que conservaba algo del mensaje pop de la fusión de objeto, imagen y producto comercial. Típicas a este respecto son las pinturas de Don Eddy y Ralph Goings. En las últimas tres décadas, el bodegón se ha expandido más allá de los límites de un marco, con técnicas mixtas que emplean objetos reales, fotografía, vídeo y sonido. Las obras generadas por ordenador han expandido las técnicas disponibles a los artistas de bodegones. Con el uso de videocámaras, los creadores pueden incluso incorporar al espectador a su obra.



Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Bodeg%C3%B3n y apuntes de clases XD